The Revolutionary
© Daniel Haywood, The Detroit News, 125th Avenue, 34, Detroit, MC
La matanza de Detroit
Por: Daniel Haywood, 1/11
Hace escasas horas, John K. de 57 años, terminaba su jornada en el parque de atracciones de la ciudad. Antes de proceder al cierre del sitio, ya supo que algo no estaba como los otros días.
"Fue una especie de presentimiento; la sensación de que algo estaba muy, muy mal", dijo él mientras intercambiábamos un par de palabras, lo máximo que la policía, que ya había acordonado la zona, me dejó.
Lo cierto es que John K. no se equivocaba en lo más mínimo.
Unas 37 personas, y contando todavía, fueron asesinadas ayer en las diferentes salas de control de la casa del terror, supuestamente en plena hora punta, y después, desmembradas y cosidas en una sola monstruosidad bizarra y grotesca.
Las dimensiones de esta matanza son tales que se ha procedido a clausurar el parque de atracciones hasta nuevo aviso, y la policía trabaja sin descanso para averiguar quién es el culpable de tal desastre, el cual firmó su gran obra con un símbolo de lo más extraño. Poco se sabe acerca de este garabato tan macabro o de lo que significa, y por lo que he podido averiguar, diferentes expertos en simbología criminal están barajando la posibilidad de que se trate de algún asesinato ritual, hecho por una secta o por alguno de sus miembros. Recordemos que Plymouth, que queda solo a 21 millas de Detroit, es la ciudad que cuenta con más afiliados a sectas del estado.
La mayoría de víctimas ya han sido identificadas, y las que no han quedado muy desfiguradas, ya han pasado a disposición de la policía forense. Lo que está claro es que la investigación va a continuar, al menos, por un par de semanas, tanto por el número tan elevado de cuerpos como por la complejidad del caso.
El gran interrogante que nos hacemos prácticamente todos los ciudadanos es, ¿cómo pudo cometer tal crímen, sea quien sea el que haya firmado con ése símbolo, en un sitio público y tan concurrido como el parque de atracciones? Se ha descartado la posibilidad de que haya sido algún trabajador del mismo parque, pues todos, absolutamente todos, tienen una cohartada sólida. Pero, a pesar de todo, lo que queda claro es que no ha sido obra de un aficionado, al contrario; el asesino es inteligente y capaz, lo suficientemente cuidadoso y escurridizo como para cometer una matanza de tales dimensiones sin que nadie se enterase siquiera de lo que estaba pasando; con un amplio conocimiento de anatomía y, quizá, con amplios recursos y capacidad de manipulación de explosivos.
¿Qué podemos decir cuando un asesinato tan grande y grotesco azota la ciudad de tal manera? Ni siquiera podemos echarle en cara a Astrobleme que no lo haya detenido; esto es algo lamentablemente inesperado que, obviamente, ya ha empezado a afectar a los ciudadanos. Sin ir más lejos, se ha preparado una manifestación silenciosa esta tarde a las cinco, en plena plaza del ayuntamiento, en memoria de las víctimas y en apoyo a las familias afectadas.
La Dalia Negra
Por: Daniel Haywood, 24/08
Todos conocemos esa afirmación tan extendida cuando hablamos de una película que no nos gusta: hay películas y películas.
La Dalia Negra no es una película convencional, ni mucho menos tampoco lo es del montón. Ciertamente es uno de esos largometrajes que han pasado desapercibidos por la crítica y, que a pesar de todo, cuenta con una fanbase muy concurrida (entre los cuales me incluyo), que las considera como joyas de culto por lo que representan, lo que aportan a la riqueza del cine, y por el hecho de que sea diferente y especial; obviamente, no hace falta hablar de esa élite cineasta que busca una homogeneidad, conseguida en el ya emérito Hollywood, que hace que todas las películas sean prácticamente iguales, y de la que La Dalia Negra prescinde completamente.
Es esa especie de fabricado en serie donde sólo hay sexo entre los típicos actores de manual, escenas de acción con muchísimos efectos especiales y un muchísimas veces no logrado intento de mensaje de reflexión, la que hace que solo se busque vender aportando millones por los grandes magnates, sin ganas de crear algo que, literalmente, viva después de tanto tiempo, y la que deja de lado producciones tan increíbles como La Dalia Negra.
La excusa es siempre la misma: era otra época.
Precisamente por eso mismo podemos considerar a esta producción, la cual vi recientemente, como uno de los más grandes tesoros cinematográficos de todos los tiempos.
Poco se sabe realmente de la dirección y del consiguiente personal de grabación, y por más que he intentado averiguar algo sobre el tema no he encontrado absolutamente nada.
Una lástima: es, como tantas otras, una obra de arte anónima.
Sobre los diferentes miembros del reparto la cosa cambia; algunos son libros abiertos, otros no tanto.
La suma de todo esto forma parte de su encanto, misterioso en absolutamente todo lo que le rodea.
No se puede hablar de La Dalia Negra sin mencionar su lograda escenificación y narrativa, sus actores tan profesionales y lo oscuro, entrañable y atrapante que resulta su argumento. Porque ciertamente llega a ti, hasta el punto en el que parece que, prácticamente todos los personajes, estén hablando directamente contigo a través de la pantalla. Con su puesta en escena y su historia, logra conectar contigo de forma totalmente inesperada.
Quizá todo sea un producto del añejo cine en blanco y negro, lo cual reafirma lo dicho. Hay una empatía, una sensibilidad y una inmersión que es imposible sentir con las películas actuales.
Un asesinato en un bar cualquiera, en plena década de los años cuarenta, es la premisa por la que empieza la trama. Cada vez, el ritmo se va haciendo más y más emocionante, y te deja con una sensación de que, realmente, todo lo que estás viendo está pasando de verdad.
El repertorio de personajes es de lo más variopinto, y ciertamente hay para todos los gustos; aunque no deja de ser típico para una película ubicada en este periodo histórico, la personalidad (tan bien definida en el espectro de lo moral) de cada uno de ellos hace que, literalmente, brillen en la pantalla: una cantante rusa haciéndose pasar por ciudadana estadounidense, un actor malogrado, actrices francesas y americanas con muchos secretos, un lector de la buena fortuna, mafiosos, detectives totalmente grises, y muchísimos más; de los cuales ninguno es lo que parece.
Una mezcla explosiva, muy abierta y sin un claro protagonista (a mi parecer, todos lo son) que hace que estés, literalmente, enganchado al televisor.
Perfecta para ver con amigos y tratar de averiguar quién es el asesino. Incluso para verla solo, si me apuras; tal obra maestra no debería pasar desapercibida en estos tiempos que corren.
Lo mejor de todo: tiene segunda parte.
Aunque personalmente los cliffhangers no me agradan demasiado, estoy seguro de que todos queremos ver más sobre La Dalia Negra y su universo. Es decir, esperar con ansias la segunda parte es perfectamente comprensible, pues el misterio, y espero que no se considere spoiler, todavía tiene que resolverse. Al llegar al final te quedas con ganas de muchísimo más.
Gracias a los productores de televisión por traernos reposiciones tan increíbles; gracias a las personas con las que vi esta película por hacer aún más placentera la experiencia y, por supuesto, gracias muy tardías a todos aquellos, fuesen quienes fuesen, por hacer posible una magnificencia tan lograda.
Queda claro que cualquier tiempo pasado fue mejor.